ELEMENTOS DE UNA ORQUESTA SINFONICA

La orquesta de cámara o sinfónica típica consta de cuatro grupos proporcionales de instrumentos musicales similares, por lo general aparecen en las partituras en el siguiente orden (con sus respectivas proporciones indicadas):

  • Viento madera: 1 flautín, 2 flautas, 2 oboes, 1 corno inglés, 2 clarinetes y 2 fagots. Ocasionalmente también se incluyen 1 clarinete bajo o 1 contrafagot.
  • Viento metal: de 2 a 5 trompetas, de 2 a 6 trompas, 2 o 3 trombones tenores y 1 o 2 bajos. Ocasionalmente, 1 tuba.
  • Percusión: varía muchísimo dependiendo de la obra, pudiendo encontrar timbales y caja.
  • Cuerdas: de 16 a 30 violines o más, de 8 a 12 violas o más, de 8 a 12 chelos o más y de 5 a 8 contrabajos o más. Ocasionalmente también se incluyen arpa y piano.

 

Cada sección de la orquesta tiene una colocación determinada de 15 tipos de instrumentos, que ha venido siendo normalizada por la potencia sonora de los instrumentos. Así, los instrumentos de cuerda se sitúan al frente, de más agudo a más grave, detrás se colocan los instrumentos de viento, primero madera y luego metal, y al final se colocan los instrumentos de percusión y el piano.

De estos instrumentos, hay muchos que son el corazón de la orquesta y nunca se renuncia a ellos, y otros que son auxiliares y no siempre aparecen en la orquesta, pese a ser parte del modelo estándar. Por ejemplo, los violines son imprescindibles pero el piano no siempre se encuentra.

La orquesta sinfónica u orquesta filarmónica es una agrupación o conjunto musical de gran tamaño que cuenta con varias familias de instrumentos musicales, como el viento madera, viento metal, percusión y cuerda. Una orquesta sinfónica o filarmónica tiene generalmente más de ochenta músicos en su lista. Sólo en algunos casos llega a tener más de cien, pero el número de músicos empleados en una interpretación particular puede variar según la obra que va a ser ejecutada y el tamaño del lugar en donde tendrá lugar la presentación de dicha obra. El término «orquesta» se deriva de un término griego que se usaba para nombrar a la zona frente al escenario destinada al coro y significa ‘lugar para danzar’.

 

MUSICA

Según Wikipedia, las definiciones parten desde el seno de las culturas, y así, el sentido de las expresiones musicales se ve afectado por cuestiones psicológicas, sociales, culturales e históricas. De esta forma, surgen múltiples y diversas definiciones que pueden ser válidas en el momento de expresar qué se entiende por música. Ninguna, sin embargo, puede ser considerada como perfecta o absoluta.

Una definición bastante amplia determina que música es sonoridad organizada (según una formulación perceptible, coherente y significativa). Esta definición parte de que —en aquello a lo que consensualmente se puede denominar “música”— se pueden percibir ciertos patrones del “flujo sonoro” en función de cómo las propiedades del sonido son aprendidas y procesadas por los humanos (hay incluso quienes consideran que también por los animales).

Hoy en día es frecuente trabajar con un concepto de música basado en tres atributos esenciales: que utiliza sonidos, que es un producto humano (y en este sentido, artificial) y que predomina la función estética. Si tomáramos en cuenta solo los dos primeros elementos de la definición, nada diferenciaría a la música del lenguaje. En cuanto a la función “estética”, se trata de un punto bastante discutible; así, por ejemplo, un “jingle” publicitario no deja de ser música por cumplir una función no estética (tratar de vender una mercancía). Por otra parte, hablar de una función “estética” presupone una idea de la música (y del arte en general) que funciona en forma autónoma, ajena al funcionamiento de la sociedad, tal como la vemos en la teoría del arte del filósofo Immanuel Kant.

Jean-Jacques Rousseau, autor de las voces musicales en L’Encyclopédie de Diderot, después recogidas en su Dictionnaire de la Musique,1 la definió como “Arte de combinar los sonidos de una manera agradable al oído”.2

Según el compositor Claude Debussy, la música es “un total de fuerzas dispersas expresadas en un proceso sonoro que incluye: el instrumento, el instrumentista, el creador y su obra, un medio propagador y un sistema receptor”.

La definición más habitual en los manuales de música se parece bastante a esta: “la música es el arte del bien combinar los sonidos en el tiempo”. Esta definición no se detiene a explicar lo que es el arte, y presupone que hay combinaciones “bien hechas” y otras que no lo son, lo que es por lo menos discutible.

Algunos eruditos han definido y estudiado a la música como un conjunto de tonos ordenados de manera horizontal (melodía) y vertical (armonía). Este orden o estructura que debe tener un grupo de sonidos para ser llamados música está, por ejemplo, presente en las aseveraciones del filósofo Alemán Goethe cuando la comparaba con la arquitectura, definiendo metafóricamente a la arquitectura como “música congelada”. La mayoría de los estudiosos coincide en el aspecto de la estructura, es decir, en el hecho de que la música implica una organización; pero algunos teóricos modernos difieren en que el resultado deba ser placentero o agradable.

 

DIRECTOR DE ORQUESTA

Director de orquesta es el título de quien se encarga, en un contexto orquestal, de coordinar los distintos instrumentos que la componen.
También son deberes del director y el tambor de orquesta coordinar los ensayos, resolver disputas y desacuerdos entre los músicos dentro de ellos.

La mayoría de los directores utilizan para dar sus indicaciones, además de gestos, un pequeño palo llamado batuta.
Cabe notar que si bien las funciones de cada director son las mismas, la forma en las que la llevan a cabo es lo que los distingue. Normalmente, cada partitura usa términos que se prestan a distintos grados de ambigüedad, y por donde son sujetas a la interpretación del director. Algunos ejemplos son rubato, allegro, o forte.
Se ha dicho por esto que ninguna versión de una pieza es exactamente igual a otra, ni siquiera cuando son hechas por un mismo director en dos ocasiones distintas. Por ejemplo, Ígor Stravinski, quién dirigió al menos seis grabaciones de su obra La consagración de la primavera, notó que cada una de ellas era marcadamente diferente de las otras.
A veces, si el compositor está presente en los ensayos de su obra, puede cambiar de opinión acerca de lo que escribió en la partitura e informárselo al director. En ocasiones, algunos directores se interesan por conocer bien no solo la obra que dirigirán sino también al mismo compositor: sus gustos, conocimientos musicales y maestría, pues consideran que es esencial para una ejecución de calidad. Este es normalmente el caso ante el estreno mundial de la obra.